Representante Catalina Ortiz

Tilín, tilín ¿y las paletas? Por: Catalina Ortiz

Esta semana el Gobierno presentó a las Comisiones Económicas del Congreso el porcentaje preliminar del Presupuesto General de la Nación 2020 que le asignó a cada departamento. En el presupuesto regionalizado, es decir aquello que se concede a cada departamento, al Valle del Cauca le tocó 2 billones de pesos. 20 por ciento menos que la cifra inicial de 2019 que fue de 2,5 billones, lo cual indica lo difícil que será para el Gobierno Nacional cumplir los compromisos con nuestra región.

Y no es que en el Valle no entendamos que el déficit fiscal tiene apretado el presupuesto de todo el país. Pero sí tenemos que aprovechar la visita a Cali del Ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, para puntualizar la importancia y urgencia de los proyectos estratégicos para el departamento. Pues de no hacerse las inversiones en infraestructura la importancia relativa del Valle del Cauca en Colombia y el mundo se verá severamente afectada.

El mejor ejemplo es Buenaventura. Desde el 2010 se ha manifestado la urgencia de realizar un dragado para darle mayor profundidad al puerto, pero seguimos con 12 metros mientras los otros puertos principales de América sobre el Pacífico han logrado una profundidad de 16 metros como Manzanillo y Lázaro Cárdenas, en México; Callao, en Perú y Valparaíso, en Chile; entre otros. Y ni hablar de lo que hemos perdido en competitividad con respecto a los otros puertos de Colombia que sí han hecho dragados de mantenimiento y profundidad.

Es necesario encontrar con urgencia una solución definitiva a la baja profundidad del canal de acceso que limita el tráfico de buques de aguas profundas. El riesgo de que Buenaventura sea irrelevante es real y aumentó con la entrada en operación del puerto de Posorja, en Ecuador, que llevó al anuncio que tres servicios de líneas navieras que hacían transbordo en las terminales de Buenaventura se trasladarían al puerto del vecino país. Este Gobierno corre el riesgo de ser el que preside sobre el fin de Buenaventura, habiéndolo recibido con 1.4 millones de TEUS y lo entrega diezmado como un pequeño puerto de cabotaje.

No menos preocupante es la situación del aeropuerto. Por medio de una Asociación Público Privada, de Iniciativa Privada (IP), en la que el privado diseña el proyecto y el Gobierno acepta o no, estamos próximos a entregarle al mismo concesionario el aeropuerto por 30 años más. Como en la mayoría de las IP, no se vislumbra competencia y puja por el aeropuerto y lo peor es que el proyecto ha desmejorado con respecto al pre-proyecto, pues mantiene un agrupamiento innecesario con los aeropuertos de Ibagué, Neiva y Armenia y elimina la compra de los predios necesarios para una segunda pista. Esta se había previsto como parte central del proyecto y ahora la eliminan con una  promesa dificil de creer, de que se comprarán por parte de Aerocivil

Por último, quiero referirme a una de las vías más estratégicas para el país, que a pesar de su importancia no está priorizada en la búsqueda de un cierre financiero. Para la vía Buga-Buenaventura, de la cual nos habían anunciado que los dos tramos que faltan se adjudicarían en el 2020, hoy no hay claridad sobre los recursos para cerrar el proyecto a pesar de que el departamento está aportando 2 billones de los peajes de otra concesión para contribuir al cierre.

La competitividad del Valle y de Colombia depende de que el Valle esté bien conectado. El Gobierno se ha comprometido en múltiples escenarios con sacar adelante estos proyectos. El llamado que hacemos los vallecaucanos al Ministro Carrasquilla es serio y concreto: Estamos cansados. Mucho tilín, tilín ¿y las paletas?