La Vocación del Valle Despega con un Mejor Aeropuerto

Por: Catalina Ortiz

En solo siete años, el aeropuerto El Dorado de Bogotá pasó de mover 18,9 millones de pasajeros a 31 millones. Un aumento, para nada despreciable, de 64 % por ciento. Parte del éxito radica en haber hecho una apuesta decidida por consolidar a la ciudad como un centro de conexión para las aerolíneas que necesitan cubrir diferentes destinos en Latinoamérica. Es impresionante que un aeropuerto a 2.600 metros sobre el nivel del mar hoy sea el aeropuerto que más carga mueve en América Latina, por encima incluso de Ciudad de México y Sao Paulo. Los beneficios del éxito de El Dorado para Bogotá y la región en términos de empleo y competitividad son extraordinarios.

Por su parte, el Rafael Núñez, de Cartagena, superando unos desafios con su contrato de concesión, pasó de transportar 4.7 millones de pasajeros en 2017 a 5.2 millones en 2018 y se consolidó como el tercer aeropuerto del país en transporte de pasajeros, solo por detrás de Bogotá y Medellín. En este periodo, incluyó dos nuevas rutas internacionales para un total de 11 en América y Europa. El logro se debe a que se conectó con la realidad de su ciudad y se enfocó en ser un aeropuerto con vocación turística. Esta historia de superación inlcuye la actuacion mancomunada de sectores públicos y privados con el aeropuerto y su concesionario.

El aeropuerto de Cali, el Alfonso Bonilla Aragón, que hoy moviliza 5.1 millones de pasajeros al año, renovará su concesión por los próximos 20 o hasta 30 años. Esta es una oportunidad enorme para la región de pensar y definir cuál es la vocación de nuestro aeropuerto que está intimamente relacionada con nuestro desarrollo. Mas que una infraestructura para que salgan y lleguen aviones, un aeropuerto bien pensado y articulado con las fuerzas vivas de la región, garantiza no sólo competencia en tiquetes, sino que catapulta y potencia oportunidades en turismo, comercio electrónico, dinamización de la diáspora (colombianos en el exterior), entre muchas otras.

Y es que, para ser francos, tenemos varias ventajas que no podemos desaprovechar. Una ubicación privilegiada, altura sobre el nivel del mar que genera menor gasto de combustible para los aviones y hace más eficientes los costos de los vuelos tanto de pasajeros como de carga. Además, el Valle del Cauca tienen una población de 4.5 millones de habitantes que puede llegar a 9.8 millones si sumamos a regiones vecinas como el Eje Cafetero, Cauca y Nariño que se verían beneficiadas con un terminal aéreo de talla internacional.

La clave para tener un buen aeropuerto está en conectar su estrategia de crecimiento con la realidad de la región. El Valle del Cauca es la región con mayor cantidad de remesas, lo cual debe indicar algo con respecto a la cantidad de gente que tenemos viviendo por fuera, nuestra producción de frutas aumenta su exportación y se produce una buen parte de la confiteria y “snacks” de exportación. El turismo se basa en nuestra oferta cultural cada vez mas sofisticada y diversa y un sector empresarial berraco y pujante. Estos son referentes que no podemos perder de vista a la hora de definir la vocación del Alfonso Bonilla Aragón.

Todo esto se materializa con un operador que maneje el aeropuerto y haga realidad la visión que se construya. Estamos nada más y nada menos ante la adjudicación de la concesión del aeropuerto por otros 30 años. Y esto no es un contrato para generar rentas a la nación y al mismo concesionario, es un andamiaje que habilite posibilidades de desarrollo extraordinarios para el Valle. La invitación es a que hagamos parte no solo como ciudadanos sino como parte de las fuerzas vivas de la región para elevar la calidad de la discusion e incidir en el aeropuerto y por ahí en el futuro del Valle y el pacífico.